CUBA: ESE MIEDO A NO VOLVER JAMAS… (SEGUNDA PARTE)
Por Guillermo Morales Catá
“Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro iel trono que erigiera en vuestro iel trono que erigiera en vuestro iel trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido”.nterior ha sido antes destruido”.nterior ha sido antes destruido”.nterior ha sido antes destruido”.
Khalil Gibran
El debate de ideas se impone ahora más que nunca, sin duda alguna. Me ha
llamado la atención cómo el artículo “CUBA: Ese miedo a no volver jamás”,
ha sido reproducido en una decena de medios de comunicación de Estados
Unidos, Canadá, Italia, Suecia y España. Y también las decenas de correo que
me han enviado y los cientos de comentarios vertidos en varios forum de
Internet.
¿ A qué se debe que esto haya sucedido? Quizás a la importancia del tema.
Coincidiendo con el artículo, le he enviado a muchos amigos (sobre todo
cubanos radicados en el extranjero) una invitación a que se sumaran y
escribieran en el grupo de Facebook “Legalcity por la Democracia en Cuba”.
Pero la invitación a todos mis conocidos y amigos me ha servido como
termómetro para medir hasta qué punto los cubanos tememos a expresarnos
incluso, fuera de Cuba. Ha pasado lo que me temía y que aún así, no deja de
sorprenderme: la gran mayoría de quienes se han al Grupo de Facebook para
condenar explícitamente las violaciones de los derechos humanos en la Isla,
no son cubanos. Son norteamericanos, españoles, suecos, franceses,
canadienses, rusos, peruanos, mexicanos, sudafricanos, alemanes e incluso
chinos.
Apenas tres de mis amigos o conocidos cubanos han querido sumarse a esta
iniciativa. Las razones son diversas pero todos coinciden en el miedo de no
expresarse a la denuncia de lo que hoy sucede en Cuba. Coinciden todos en
que es una buena iniciativa y que se sumarían con ganas pero que tienen
miedo, mucho miedo.
“Prefiero mantenerme al margen de este Grupo y más que tengo que estar
poniendo mi nombre y apellidos. Sé que es una actitud cobarde de mi parte,
pero aún no me he quitado del todo el temor a expresarme libremente fuera de
Cuba.”, me ha confesado uno de mis amigos que por obvias razones, no voy a
revelar su nombre.
Otro desde España me dice “Veo con la misma indignación que tú las
continuas violaciones de los derechos humanos en Cuba. Sin embargo en mi
situación de irregularidad prefiero mantenerme tristemente al margen de este
Grupo. Tengo, además, que ir pronto a Cuba. Cuando tenga papeles y si me
dejan, porque mi padre está cada vez más enfermo y al teléfono solo me
pregunta que cuando iré, que me quiere ver…”
Y sigue este otro amigo “perdona mi actitud simple de anteponer problemas
personales ante una causa tan grande como es la libertad de Cuba pero es un
compromiso muy grande el que tengo con el hombre que me dio la vida y no
precisamente por esto último. A partir de julio puedes contar con mi apoyo
incondicional para todo lo que sea lograr un tránsito a la democracia en Cuba o
de manera más inmediata un trato más digno para esos grandes que dentro de
la isla luchan por ello. De momento intentaré involucrar a algunas personas
eneste Grupo de Facebook”.
Desde República Dominicana, otro colega con quien trabajé en la radio y la
televisión en Cuba, después de varias conversaciones por el msn y de decirme
que “no he visto el Grupo aún”, “prometo que voy a mirarlo”, “no he tenido
tiempo”, “dame un poquito más de tiempo”, me responde finalmente: “desde
que salí de Cuba no me he metido en nada con lo que no me sienta
comprometido y que le vea un provecho seguro y tangible para el país. No se
trata de estar por estar en este Grupo de Facebook…levantar la polvareda y
nada más…”
Y efectivamente, este tampoco se suma. Evidentemente no quería entrar en
debate porque cada uno es libre de decidir lo que quiera hacer, firmar, decir, o
pertenecer a lo que quiera pertenecer. Pero es que me da la impresión que la
frustración es esa, que la mayoría de mis amigos y conocidos cubanos no se
sienten libres, aún fuera de Cuba, para decir, militar o hacer lo que les venga
en gana.
“Desde que salí de Cuba he participado en nada con lo que no me sienta
comprometido”. Esta es una de las citas que más me ha llamado la atención. Y
me pregunto qué entendemos por compromiso. Soy de los que piensan que sí,
que sí hay que comprometerse mientras en aquella Isla más de 300 personas
están presos. Y repito señores, ¡PRESOS! Presos que se pudren en las
cárceles sin tener sus manos manchadas de sangre. Presos por diferir de la
política de los hermanos Castro.
“Me tienes que disculpar respecto al Grupo de Legalcity por la Democracia en
Cuba. Tengo miedo, no ya por mí, sino por mis familiares que allá viven y que
dependen del sistema para seguir viviendo, por amor y consideración a ellos no
lo hago”, es la opinión de otro de mis conocidos, desde Alemania.
Confieso que mi hermano y mi cuñada también se mostraron reticentes a
pertenecer al Grupo. ¡Con lo gusanos que eran en Cuba, por Dios! Y ahora
aquí tienen miedo. Me lo han dicho. Lo que pasa es que con mi hermano y mi
cuñada la historia es distinta. “Ostias niño, que a ti y a mi se nos ha muerto un
hermano intentando ir a Estados Unidos, que nunca apareció su cuerpo, hazlo
por él que intentó irse de Cuba porque no aguantaba más aquello. Tú estás
aquí en libertad pero piensa en los que allí en Cuba no pueden ni tener una
conversación como esta”; le dije.
Mi hermano se puso a llorar. Mi cuñada también. Y se unieron. Se han quitado
la careta. Han perdido el miedo. Y ellos también tienen mamá y familia en
Cuba. Sin embargo, me preguntaba si es necesario tener experiencias
personales de esas que son bien duras para entender que es necesario gritar,
gritar bien fuerte a nombre de quienes hoy no pueden hacerlo y a nombre de
quienes lo hacen y son reprimidos como Guillermo Fariñas…
¿Acaso tenemos que tener un muerto en la familia para entender que la
dictadura castrista ha acabado con nosotros? ¿Acaso el egoísmo nos ha
llevado a que solo alzamos la voz si nos toca de cerca? ¿Y aquellos, aquellos
que se pudren en las cárceles de Cuba y que no tienen voz? ¿Qué es de ellos?
¿Qué será de ellos?
Que pese sobre nuestras espaldas ese miedo a expresarnos. Quizás ese
miedo se pierde y si no se pierde, pesa pero no duele tanto. Pero mantenerse
en silencio cuando nuestros propios compatriotas sufren amenazas, torturas,
son golpeados, mueren en huelgas de hambre… ¿podrá la conciencia dejarnos
vivir en paz? No hace falta tener las manos manchadas de sangre para
sentirnos culpables. No hace falta decir “hoy no puedo, mañana quizás sí”.
Y no, porque quizás mañana sea tarde.






