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29 May Cuando los inmigrantes descubrieron España

LC_begonaUn martes cualquiera, 9:27 de la mañana, cruzo rápidamente el pasillo del despacho de Legalcity para dar paso al fino hilo musical, enciendo la luz de la sala de espera y miro detenidamente a los asientos. Sí, hoy también va a pasar, hoy también se va a llenar esta sala, pero no hablo solo de un número personas concreto, si no de decenas de historias.

Yo nací en Terrassa una calurosa madrugada. A mí nadie me habló de la inmigración, en mi casa éramos los que éramos, en la escuela éramos los que éramos. Fue aproximadamente a mis once años cuando algo comenzó a pasar, de repente (y digo de repente, porque fue así, inesperado y rápido) Comenzaron a llegar chicos nuevos a la escuela. Recuerdo el revuelo, la curiosidad, el fervor…Venían de distintos lugares, de Ecuador, de Paraguay y de la República Dominicana. Todos estábamos interesados en saber cómo eran sus vidas, cuáles eran sus historias, qué cosas tan fascinantes nos podían contar sobre los lugares de los que venían.

A mí nadie me habló del racismo, pero fue entonces cuando comencé a ver que en el aire se palpaba algo; a las madres de mis amigas no les gustaban los nuevos compañeros. No era un rechazo directo, pero sí indirecto. No se les invitaría a fiestas de cumpleaños, a quedarse a jugar en el parque… y un largo etcétera.

Es con los años que realmente te das cuenta de estas cosas, del silencio de las madres y los padres al hablar de los nuevos compañeros, de las acusaciones que se les hacía cuando algo malo pasaba…Nadie quería ir con la gente de fuera, era difícil entablar relaciones con ellos porque simplemente estaba mal visto. Una vez en el instituto era cuando la situación se “normalizó”, se normalizó el hecho de que los de fuera eran los de fuera y nosotros éramos nosotros. Y allí estaba ella, apoyando sus brazos en la mesa, escondiendo su cabeza y llorando desconsolada. La maestra nos dijo que era la chica nueva y que no entendía nada de español. Recuerdo el momento con dolor, porque ni la maestra ni nadie, ni si quiera yo, fuimos capaces de acercarnos a esa chica e intentar hacer que se sintiera algo mejor. Estuvo pocos días en el instituto y jamás supe nada más de ella, a penas recuerdo su nombre. Sin embargo fue ella la que inició en mí un antes y un después, un cambio hacia como veía a los inmigrantes, pensé para mis adentros que no iba a dejar que nadie, jamás, volviera a sentirse así por llegar a un nuevo lugar.

Paralelamente comencé a tomar consciencia de la gente de mi alrededor, de mi familia, a tomar consciencia de que yo también soy hija de inmigrantes. Mis abuelos emigraron de Córdoba a Barcelona para buscar algo mejor. Mi madre me explicaba (y me explica todavía hoy en día) el dolor que le provocó a sus siete años el ser arrancada de su tierra y plantarse aquí, sin recursos, sin apoyo, sin seguridad, la precariedad, el rechazo por parte de las niñas del nuevo colegio, el estar compartiendo piso con otra familia para poder costear los gastos y un sinfín de situaciones, que aún hace que se le llenen los ojos de lágrimas.

Es ese mismo dolor de mi madre, el de la chica que se escondía entre sus brazos y el de muchas otras personas que, sean de donde sean y hayan ido a parar donde hayan ido a parar, es el que me impulsa a escribir esto. Los caminos de la vida, estos desconocidos, que hacen que nos perdamos muchas veces y que después aparezcamos en sitios que jamás hubiéramos imaginado que tendríamos que estar, son los que me han traído aquí hoy. A encender las luces cada mañana, a poner una sonrisa en mi cara para todo aquel que visite este despacho, porque me puedo imaginar lo que se esconde detrás de cada voz, detrás de cada cara que se sienta en esta sala de espera día tras día.

Y es por eso que disfruto en Legalcity, es la esperanza, la misma que tuvieron mis abuelos, mis padres, muchos amigos míos, la que me hace despertar cada mañana y entrar con ganas en este despacho, porque sé que este día, puede ser un gran día para muchas personas ahí fuera, un gran día para abrir las puertas de Legalcity y recibir a todas esas personas que han venido buscando algo mejor, ayudarles en todo lo posible y que nos ayuden a mejorar. Porque al final del día veo sonrisas, veo cómo muchas personas se van de este despacho mucho más contentas y aliviadas de lo que habían entrado. Es eso lo que cuenta al final de mi día, lo que cuenta al final del día de todo nuestro equipo: vuestra sonrisa.

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