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Legalcity | Uso de la vivienda familiar en caso de divorcio
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Uso de la vivienda familiar en caso de divorcio

Uso de la vivienda familiar en caso de divorcio

Tras un proceso de divorcio o separación hay que decidir qué hacer con la vivienda familiar, propia o en alquiler, y quién va a disfrutar de la misma y quién tendrá que salir de ella.

En los procesos de separación o divorcio amistoso serán los cónyuges quienes decidan sobre la vivienda familiar en el llamado convenio regulador, que debe ser aprobado por el Juez. Por ejemplo: podrán acordar que la venderán y del dinero que obtengan, la mitad para cada uno; o también podrán establecer que sea la mujer la que se quede viviendo en ella junto con los hijos. Hay muchas posibilidades y serán los cónyuges los que establezcan lo más adecuado a sus intereses y a los de sus hijos en el caso en que los haya.

En los procesos de separación o divorcio contencioso será el Juez quien decida acerca del uso de la vivienda familiar conforme a las reglas establecidas en el Código Civil, que son las siguientes:

  1. A falta de convenio regulador aprobado por el Juez, el uso de la vivienda familiar así como de los objetos de uso ordinario que hay en ella corresponde a los hijos y al cónyuge en cuya compañía quedan. Así, si es la madre la que se queda con la custodia de los hijos, será ella la que seguirá viviendo en la casa y es que en la mayoría de casos de divorcio es lo que sucede.
  2. Cuando algunos de los hijos queden en compañía de un cónyuge y los restantes en la del otro, el Juez resuelve lo procedente según las circunstancias del caso.
  3. Si no hay hijos, puede acordarse de que el uso de tales bienes y de la vivienda familiar, por el tiempo que prudencialmente se fije, corresponda al cónyuge no titular, siempre que atendidas las circunstancias sea aconsejable y su interés sea el más necesitado de protección. Por ejemplo: un matrimonio que no tiene hijos, la casa es del marido pero el matrimonio ha vivido siempre ahí y la mujer nunca ha trabajado, siendo siempre dependiente económicamente del marido. En este caso se puede acordar que la mujer siga viviendo en la casa familiar y disfrutando de su uso aunque la titularidad de la misma sea del marido. Lo más normal, sin embargo, es que a falta de hijos, el titular de la casa sea el que tenga el derecho de uso y disfrute de la vivienda familiar.
  4. Si el uso y disfrute se atribuye al cónyuge no titular de la vivienda familiar, para poder disponer de ella (alquilarla, venderla) se requerirá el consentimiento de ambos cónyuges (puesto que en caso contrario el acto de disposición será nulo) o en su caso, autorización judicial.

Los gastos de la vivienda familiar normalmente corresponden al cónyuge que obtiene el uso y disfrute de la misma, si bien el Juez puede establecer que el otro cónyuge contribuya a los mismos.

No hay que confundir propiedad o titularidad con disfrute y uso de la vivienda familiar, puesto que en muchos casos se confunden los dos términos. La propiedad de la casa seguirá siendo de su propietario original (de quien esté a nombre la casa en las escrituras), que puede ser incluso un tercero. El derecho al uso se refiere al derecho a seguir viviendo en la casa familiar, pero nada más, no implica la propiedad o titularidad de esa casa.

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